Hoy alzamos la voz desde el dolor, la impotencia y la indignación.
Mi hermana fue asesinada brutalmente en su propio hogar, un espacio que debía ser seguro. Recibió 36 puñaladas. Su vida fue arrebatada de la forma más cruel imaginable. Como si esto no fuera suficiente, el agresor también acabó con la vida de su perrita e hirió a cinco personas más.
Sin embargo, hoy nos enfrentamos a una decisión judicial que nos deja sin palabras: un “No ha lugar” que impide que el responsable sea procesado, alegando que actuó bajo un brote psicótico.
Nos preguntamos, con el corazón desgarrado: ¿acaso la vida de mi hermana no tiene valor? ¿Dónde queda la justicia para una mujer buena, que estaba en su hogar, sin hacer daño a nadie? ¿Qué mensaje estamos enviando como sociedad cuando un crimen de esta magnitud no enfrenta las consecuencias que merece?
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