Las pelas, disparos y acrobacias que Daniel Craig (58 años, Chester, Reino Unido) desplegó durante 15 años como James Bond han quedado atrás. Ahora, el actor tiene ambiciones más personales. Ha decidido retomar la tradición familiar de sus padres y abuelos al adquirir un histórico pub del siglo XVIII en Londres, The Horseshoe, un local con mucha historia, no solo por los siglos que lleva abierto, sino porque guarda su propio fantasma: un antiguo verdugo llamado Gilbert. En el momento de la compra de este establecimiento, ubicado en el prestigioso barrio de Clenkerwell, en el centro-este de la capital británica, Craig no fue informado sobre la presencia del inquilino. Sin embargo, la antigua dueña, Pauline Tucker, se lo confesó antes de dejarle las llaves.
Según la mujer, el espectro ronda por la bodega del bar, que abrió sus puertas en 1748: “No lo ves. Lo sientes”, ha contado en una entrevista a The Times. Tucker, que se retira después de administrar el pub durante 36 años con su esposo, explica que los trabajadores están advertidos de la extraña presencia. “No sé qué bebe, pero quizá tengamos que dejarle una pinta ahí abajo: ‘Aquí tienes, Gilbert”, ha dicho al respecto Craig en declaraciones al mismo medio.
El local no pertenece únicamente al actor. Nick Jones, fundador de Soho House (un exclusivo club privado con sedes en numerosos países), se ha sumado al proyecto, así como el fundador del restaurante de carnes Flat Iron, Charlie Carroll, y Justin O’Shea, el director creativo de Bad Belze, una cerveza tipo lager que sacó al mercado junto a Craig a inicios de este año y con quien surgió la idea de comprar el bar.
Con su nuevo pub, Craig se suma a una tradición familiar. Sus padres regentaban un bar conocido como Ring O’Bells en la ciudad de Frodsham, al noroeste de Inglaterra, y sus abuelos eran dueños de otro pub en el centro de Chester. Aún rememora las escenas que vivió durante su infancia en ambos establecimientos. “Había fiestas a puerta cerrada y cosas por el estilo, sobre todo en Nochevieja. La gente solía festejar a tope. Me dejaban bajar a hablar con los parroquianos, especialmente a la hora de comer. Se hablaba de cómo iba el día y sobre lo que estaba pasando”, ha recordado en The Times.
De niño, dice, le gustaba sentarse solo en el pub. Pretendía leer un libro mientras observaba la conducta de los clientes, lo que ayudó a despertar su vocación actoral. Sobre el ambiente del bar, reflexiona: “Es una vía de escape para que la gente venga a hablar de sus cosas, tal vez de sus problemas”, y compara la apertura del bar con la salida al escenario: “Limpias el suelo, te preparas, abres las puertas y dices: ‘¡Que empiece el espectáculo!“.
El protagonista de Casino Royale (2006) tiene en mente un proyecto de renovación de un año para transformar el anticuado bar de la planta superior —actualmente lleno de dianas para dardos— en un comedor. Aunque se conservarán algunos elementos del bar, planea convertir la azotea en un amplio espacio con una terraza cervecera.
El objetivo, según Craig, no es atraer a gente “sofisticada”, sino hacer que el pub sea accesible a todo público. La apertura ocurre en medio de una crisis en el sector: al menos dos pubs cierran en el Reino Unido cada día, según La Asociación Británica de Cerveza y Pubs. El periódico The Telegraph, por ejemplo, está llevando a cabo una campaña para salvar los establecimientos cuyos beneficios se han visto mermados por el aumento de los impuestos y del salario mínimo. Incluso el príncipe Guillermo donó mil libras el pasado mes de junio para salvar el Somerset Arms, situado cerca de Melksham, en Wiltshire. El heredero a la corona británica calificó entonces a estos locales son “salvavidas” para las comunidades.
Craig, cuyo próximo proyecto en el cine es la nueva película de Narnia, que se estrenará en febrero de 2027 y será dirigida por Greta Gerwig, se suma a una lista cada vez mayor de famosos que son propietarios de pubs, entre ellos sir Ian McKellen (en The Grapes, en Limehouse), Guy Ritchie (en Lore of the Land, en Fitzrovia) y James Blunt, quien compró el Fox & Pheasant en Chelsea para evitar que el local se convirtiera en un proyecto de vivienda.
